sábado, 1 de septiembre de 2012

El muerto aquel


“El muerto aquel” 

 

 Cuando contempló el féretro por última vez lo hizo de forma desapasionada, como quien mira un paisaje conocido a través de la ventana de un tren en marcha.

 En las horas previas al entierro, la viuda Carmen, hija del conocido sexador de pollos Juan Tutrí de la no menos conocida granja avícola “La gallina o el huevo: ¿qué fue primero?”, había dispuesto que nadie se acercara a contemplar el rictus del finado hasta que la peluquera y esteticista – y para la ocasión también tanatopractora – María Luisa Mórbida, que regentaba la “coiffure” del salón francés de belleza “Le chic parisien c’est très jolie”, le hubiese recortado la barba, aquella perilla que tiempo atrás conquistó a la joven Carmen.

 Cuando Carmen vio por primera vez con vida a su ahora querido muerto, el corazón le dio un vuelco: creyó reconocer en él a Robin de los Bosques, a la sazón un Errol Flynn vestido con mallas ceñidas pero tan discretas que lograban disimular lo monstruoso de su miembro viril con el que, dicen, tocaba sonatas aporreando las teclas de algún piano en fiestas privadas.

 La hermana mayor de Carmen la llevó al cine una vez siendo ésta una niña pre-púber para que ejerciera las funciones propias de una carabina, tan necesaria a ojos de los adultos cuando una joven es pretendida por algún machote, y así poder comerse la boca con Genaro en la fila más oscura del cine Novedades. Pues resultó que mientras la hermana de Carmen redefinía por completo el concepto “meterse mano” con Genaro introduciendo una nueva variante con la boca, la futura viuda de esta historia caía fulminada por las flechas de amor que Cupido a ciegas, como siempre y más en la oscuridad de una sesión continua y transmutado en un héroe “desfacedor” de entuertos con arco y sombrero ridículo y con pluma aún más ridícula, le lanzaba desde la pantalla de un cine a la pobre Carmen.

 Pero con la perilla de aquel actor empezaban y acababan todas similitudes del muerto con el personaje de Errol Flynn en la gran pantalla. Ahora, de cuerpo presente en la planta baja de un fastuoso chalé, el hombre de la perilla aguarda, tieso como un ajo, que prohombres del pueblo y gente de bien ofrezcan sus condolencias a la afligida viuda que contempla en soledad un ataúd hecho con maderas nobles.

 Pero no vino nadie y nadie se acercó a la casa. Ni siquiera fueron a escupir sobre la lápida cuando horas después fue enterrado en el camposanto aquel vendedor de Participaciones Preferentes y director de la sucursal bancaria que, cuando joven, se parecía a Robin Hood, aquel que robaba a los ricos para dárselo a los pobres… ¿o quizás fuese al revés?

El manco cuentista.


Ahora le ha dado por fantasear con su brazo amputado. Les cuenta a los niños del parque que se acercan curiosos y que le preguntan, con aquella inocencia desprovista de toda malicia, esa inocencia que dura en los seres humanos los cuatro o cinco primeros años de vida, a qué se debe esa manga de la chaqueta flácida y desprovista de sustancia. Les contará que perdió el trozo de brazo que va desde encima del codo hasta debajo de la mano por culpa de una granada que el enemigo escondió en una barra de pan. Asegurará que la mano se la volvieron a poner dos semanas después cuando un compañero, el cabo furriel Cienfuentes, la rescató de entre las fauces de un perro sarnoso que pululaba desorientado por la selva y que se la cosieron al muñón que le quedó: - No es muy útil, pero como me ha quedado un dedo tieso  puedo llamar al telefonillo para que Enriqueta me abra la puerta cuando la otra mano está ocupada sosteniendo la bolsa con la compra del Mercadona, además de aprovechar los pares de guantes sino mira tú el mal gasto. Los niños le escucharan con atención y querrán pero no se atreverán a pedirle que enseñe tal fenómeno, una mano con un dedo tieso que nace en el hombro, y él, que lo sabe, se aprovechará de la situación para hacer crecer la mentira hasta límites insospechados: - ¡Tened mucho cuidado si algún día vuestra madre os dice que vayáis a buscar el pan! – añadirá finalmente como colofón a la historia. La semilla del cuento ya estará sembrada pero no se quedará más rato para verla crecer. Es más divertido así.

 Quizá mañana la historia del manco sea otra, porque el público sea otro también y todo el mundo se merece tener su propia historia del manco; como la de aquel hombre que fue pirata de joven y al que su amante morisca, despechada y humillada por los vaivenes amorosos del casquivano marino, un día le hizo la manicura con un cimitarra brillante y afilada a la altura del hombro.

jueves, 7 de junio de 2012

"Historia de siete frases con siete palabras"(7)


‎"Historia de siete frases con siete palabras"(7)



1- Lloró tanto que casi llenó un vaso (7).

2- Las lágrimas empaparon el cuello del jersey (7).

3- Por fin sus ojos fijaron un objetivo (7).

 4- Le miró tan fijamente como ella pudo (7).

 5- Entonces un intenso calor invadió su rostro (7).

 6- Se aclaró la voz con un trago (7).

 7- Gritó "No te quiero" pero era mentira (7).
5- Entonces un intenso calor invadió su rostro(7).
6- Se aclaró la voz con un trago(7).
7- Gritó "No te quiero", pero era mentira(7).

"Recordando a Swarosky"

‎"Recordando a Swarosky"

De repente recordé a Swarosky, sentado frente la lujosa mesa de mi despacho y como se consumía lentamente el cigarrillo que colgaba de la comisura izquierda de su boca. Volvió a mi mente aquella noche en la que el viejo desató su lengua, embriagado de alcohol y autocomplacencia. Swarosky me habló de cómo empezó a amasar su fortuna durante los últimos días del Ghetto:
 - No creerías de lo que es capaz un tipo cuando ve peligrar su trasero...
 - ¿A qué te refieres Swarosky? - pregunté con aire distraído.
 - Digo que esos hijos de puta serian capaces de vender en pedazos a sus madres si con ello pudieran conseguir un Marco más - y añadió - Les estuvo bien empleado.
 - ¿Te refieres a la "Solución Final?
 - Me refiero - ahogó un eructo - a que toda esa escoria judía lo único bueno que hizo fue darme el oro de sus dientes para que lo mantuviese a buen recaudo y luego evaporarse por las chimeneas de Auswitch - y arrancó un sonora carcajada - ¡Imbéciles!
 Swarosky era mitad judío por parte de madre y ario por parte de padre y del partido Nacionalsocialista al que corrió a alistarse la noche siguiente de la de los Cristales Rotos y fue por ese detalle que salvó su miserable vida; y por colaborar con el exterminio de sus vecinos retirando la ceniza humana de los crematorios.

Samsung y Dalila: una historia de amor y LEDs.

 Svetlana podría conseguir a cualquier hombre sin más esfuerzo que un simple parpadeo. La genética ha sido generosa con ella y, al contrario que otras mujeres, no ha de esforzarse para estar constantemente hermosa y no tiene la necesidad de añadidos artificiales, como lo atestiguan sus fotografías en formato .jpg. Pero Svetlana me ha elegido a mí. Lo sé porque me ha enviado un flechazo.

  Cuando mi mujer me dejó aduciendo que yo no tenía proyectos en esta vida y que carecía de ambición, acababa de cumplir los cuarenta y cinco años y sólo me faltaban veinticinco más para acabar de pagar la hipoteca del piso nuevo que ella se empeñó en comprar un año antes de que venciera la hipoteca del antiguo, la del apartamento ideal parejas, luminoso, recién reformado y bien ubicado que compramos cuando novios.
  Por aquel entonces uno no sabía leer entre líneas ni traducir la jerga de las inmobiliarias, pero con la ilusión y la fuerza de la juventud y una tasación de un 120% sobre el precio final de venta, el minúsculo piso de tres habitaciones, reformado hacía quince años, que compramos en el extrarradio de la ciudad, cada vez se fue pareciendo más al que existía en el delirante cerebro del vendedor el día que nos lo mostró por primera vez.

  Al final de las reformas pudimos empezar a disfrutar de la luminosidad de la vivienda ganada a pulso cada día después de escalar cinco plantas. Pero éramos felices.

  Luego lo vendimos. Lo vendimos muy bien de precio aprovechando el tirón, pero no lo suficiente como para comprar éste, el nuevo, igual de pequeño e igual de luminoso pero más céntrico y con ascensor, así que hubo que contratar una nueva hipoteca para pagar la diferencia. Lo eligió ella y yo pude demostrarle que sí era ambicioso, aunque eso me obligara a buscar otro empleo por la tarde.

  Luego ella se adelgazó, se puso tetas nuevas y a los pocos meses me cambió por su monitor de fitness y yo me quedé solo, con el eco de mi voz rebotando por las paredes del piso nuevo y con la compañía de mi televisor de cuarenta pulgadas SmartTv apoyado sobre el único mueble que me dejó, un Bersta Burs de color negro-marrón.

 Pero nada de esto importa ya porque Svetlana me ama y en cuanto pueda juntar unos Euros para ayudarla a comprar el billete de avión, porque en Rusia pasa mucha miseria porque está todo fatal con la que está cayendo, vendrá a mi casa y  podremos ver juntos películas con el "pendrive" que conectaré en el puerto Usb de mi Samsung de 40 pulgadas y seremos muy felices.

viernes, 18 de mayo de 2012

"A lo tonto esto también es un relato"

Ni que yo fuera un intelectual, pero aquí estoy: intentando juntar cuatro líneas que tengan un poco de sentido. Amparado en la oscuridad y en el silencio de una sala de espera a las cuatro de la mañana, aguardo a que llegue la inspiración y por fin encontrar un tema sobre el que poder desarrollar una narración. Pero hoy las musas, si es que alguna vez me visitaron, se niegan a aparecer. Lo que si aparece es un tipo custodiado por varios policias gritando algo sobre no se qué de un espíritu reencarnado. Suena un timbre. Gente que acude. Cuatro y diez de la madrugada. Fin del relato.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Hace dos años el jardín estaba en obras y las esperanzas sobrevolaban las copas de los árboles. Hace dos años -¡como pasa el tiempo!- el jardín estaba en obras y confundido intenté atravesarlo. Hace dos años el jardín tenía los parterres rotos y desordenados y yo y mis circunstancias tropezábamos con los obstáculos. Dos años atrás, el jardín esperaba a ser reemplazado por una plaza gris y dura pero las plantas, las flores, los árboles, los pájaros y yo aún no lo sabíamos.