jueves, 7 de junio de 2012

"Historia de siete frases con siete palabras"(7)


‎"Historia de siete frases con siete palabras"(7)



1- Lloró tanto que casi llenó un vaso (7).

2- Las lágrimas empaparon el cuello del jersey (7).

3- Por fin sus ojos fijaron un objetivo (7).

 4- Le miró tan fijamente como ella pudo (7).

 5- Entonces un intenso calor invadió su rostro (7).

 6- Se aclaró la voz con un trago (7).

 7- Gritó "No te quiero" pero era mentira (7).
5- Entonces un intenso calor invadió su rostro(7).
6- Se aclaró la voz con un trago(7).
7- Gritó "No te quiero", pero era mentira(7).

"Recordando a Swarosky"

‎"Recordando a Swarosky"

De repente recordé a Swarosky, sentado frente la lujosa mesa de mi despacho y como se consumía lentamente el cigarrillo que colgaba de la comisura izquierda de su boca. Volvió a mi mente aquella noche en la que el viejo desató su lengua, embriagado de alcohol y autocomplacencia. Swarosky me habló de cómo empezó a amasar su fortuna durante los últimos días del Ghetto:
 - No creerías de lo que es capaz un tipo cuando ve peligrar su trasero...
 - ¿A qué te refieres Swarosky? - pregunté con aire distraído.
 - Digo que esos hijos de puta serian capaces de vender en pedazos a sus madres si con ello pudieran conseguir un Marco más - y añadió - Les estuvo bien empleado.
 - ¿Te refieres a la "Solución Final?
 - Me refiero - ahogó un eructo - a que toda esa escoria judía lo único bueno que hizo fue darme el oro de sus dientes para que lo mantuviese a buen recaudo y luego evaporarse por las chimeneas de Auswitch - y arrancó un sonora carcajada - ¡Imbéciles!
 Swarosky era mitad judío por parte de madre y ario por parte de padre y del partido Nacionalsocialista al que corrió a alistarse la noche siguiente de la de los Cristales Rotos y fue por ese detalle que salvó su miserable vida; y por colaborar con el exterminio de sus vecinos retirando la ceniza humana de los crematorios.

Samsung y Dalila: una historia de amor y LEDs.

 Svetlana podría conseguir a cualquier hombre sin más esfuerzo que un simple parpadeo. La genética ha sido generosa con ella y, al contrario que otras mujeres, no ha de esforzarse para estar constantemente hermosa y no tiene la necesidad de añadidos artificiales, como lo atestiguan sus fotografías en formato .jpg. Pero Svetlana me ha elegido a mí. Lo sé porque me ha enviado un flechazo.

  Cuando mi mujer me dejó aduciendo que yo no tenía proyectos en esta vida y que carecía de ambición, acababa de cumplir los cuarenta y cinco años y sólo me faltaban veinticinco más para acabar de pagar la hipoteca del piso nuevo que ella se empeñó en comprar un año antes de que venciera la hipoteca del antiguo, la del apartamento ideal parejas, luminoso, recién reformado y bien ubicado que compramos cuando novios.
  Por aquel entonces uno no sabía leer entre líneas ni traducir la jerga de las inmobiliarias, pero con la ilusión y la fuerza de la juventud y una tasación de un 120% sobre el precio final de venta, el minúsculo piso de tres habitaciones, reformado hacía quince años, que compramos en el extrarradio de la ciudad, cada vez se fue pareciendo más al que existía en el delirante cerebro del vendedor el día que nos lo mostró por primera vez.

  Al final de las reformas pudimos empezar a disfrutar de la luminosidad de la vivienda ganada a pulso cada día después de escalar cinco plantas. Pero éramos felices.

  Luego lo vendimos. Lo vendimos muy bien de precio aprovechando el tirón, pero no lo suficiente como para comprar éste, el nuevo, igual de pequeño e igual de luminoso pero más céntrico y con ascensor, así que hubo que contratar una nueva hipoteca para pagar la diferencia. Lo eligió ella y yo pude demostrarle que sí era ambicioso, aunque eso me obligara a buscar otro empleo por la tarde.

  Luego ella se adelgazó, se puso tetas nuevas y a los pocos meses me cambió por su monitor de fitness y yo me quedé solo, con el eco de mi voz rebotando por las paredes del piso nuevo y con la compañía de mi televisor de cuarenta pulgadas SmartTv apoyado sobre el único mueble que me dejó, un Bersta Burs de color negro-marrón.

 Pero nada de esto importa ya porque Svetlana me ama y en cuanto pueda juntar unos Euros para ayudarla a comprar el billete de avión, porque en Rusia pasa mucha miseria porque está todo fatal con la que está cayendo, vendrá a mi casa y  podremos ver juntos películas con el "pendrive" que conectaré en el puerto Usb de mi Samsung de 40 pulgadas y seremos muy felices.

viernes, 18 de mayo de 2012

"A lo tonto esto también es un relato"

Ni que yo fuera un intelectual, pero aquí estoy: intentando juntar cuatro líneas que tengan un poco de sentido. Amparado en la oscuridad y en el silencio de una sala de espera a las cuatro de la mañana, aguardo a que llegue la inspiración y por fin encontrar un tema sobre el que poder desarrollar una narración. Pero hoy las musas, si es que alguna vez me visitaron, se niegan a aparecer. Lo que si aparece es un tipo custodiado por varios policias gritando algo sobre no se qué de un espíritu reencarnado. Suena un timbre. Gente que acude. Cuatro y diez de la madrugada. Fin del relato.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Hace dos años el jardín estaba en obras y las esperanzas sobrevolaban las copas de los árboles. Hace dos años -¡como pasa el tiempo!- el jardín estaba en obras y confundido intenté atravesarlo. Hace dos años el jardín tenía los parterres rotos y desordenados y yo y mis circunstancias tropezábamos con los obstáculos. Dos años atrás, el jardín esperaba a ser reemplazado por una plaza gris y dura pero las plantas, las flores, los árboles, los pájaros y yo aún no lo sabíamos.

jueves, 29 de diciembre de 2011

"Los escondedetrás"

No provocan gruñidos entre los perros y bufidos en los gatos, por lo que deduzco que no se tratan de criaturas malignas.
Su alimento es la empatía y por eso se pegan a ella como si no hubiera un mañana, (que no lo hay). Se quedaron ahí por culpa de una sonrisa que les despistó de su camino y con una sonrisa volveran a encontrarlo.
A veces se asoman por el hombro en busca de una mueca que les reconforte, pero como solo pueden ser percibidos por los animales, y de todos es sabido que el único animal capaz de sonreir es el ser humano, se vuelven frustrados a la parte de detrás.
No molestan ni mueven objetos, ni susurran al oído, ni tienen aliento frío; ni tan siquiera poseen peso específico, pero ahí están, esperando una palabra amable, una mirada complice y una amplia sonrisa tuya cuando me veas llegar.
Algunos niños son capaces de ver a "los escondedetrás" y se asustan porque son feos, arrugados y sin luz, y empiezan a llorar desconsoladamente sin motivo aparente. Entonces Ellos, aturdidos, se van a la parte de atrás del detrás para que el niño deje de llorar.

Cuando, por fin, algún "escondedetrás" consigue atrapar la luz de la sonrisa de un niño o niña valiente, entonces puede regresar satisfecho al sueño -mi sueño- de donde vino, de entre la vida y la muerte, y seguir, cauteloso, hasta su destino en el más allá, donde jamás se tendran que volver a esconder en la parte de atrás.

‎"¡Oh Navidad, blanca Navidad"

Hay algo de trauma infantil y de expectativas no ajustadas en todo esto de la Navidad. El bombardeo de mensajes de felicidad, familias unidas, reencuentros y amores latentes que de repente florecen con intensidad. A esto último quiero referirme.

En los primeros años de la pubertad es difiícil mantenerse al margen de tanto estímulo y por eso sucedía que, de repente, dias antes de estas señaladas fechas, un mañana te despertabas perramente enamorado de aquella niña que unas horas antes pasaba desapercibida.
A partir de aquel momento todo esfuerzo se orienta para conseguir un momento romántico, de película cursi, en la anhelada Fiesta de Navidad de clase. Uno se postula para colaborar en toda aquella actividad extraescolar necesaria para organizar una fiesta memorable. ¿El fin?: pues pasar el máximo rato en su compañia. Ir a clase juntos, regresar juntos, ir a comprar juntos, hinchar globos juntos, hacer cadenas de cartulina juntos, preparar triángulos de nocilla y de foiegras juntos... convirtiéndote así en el precursor del típico "Pagafantas". ¿El objetivo?: declarar tu amor desbocado y robar EL Beso, tu primer beso, mientras de fondo suena "Barco a Venus" de Mecano o mejor, "Te amo" de Humberto Tozzi. Mientras más cerca del final de la tarde intentes el contacto físico, mejor, porque así dejarás ese momento, ese "highlight" televisivo, en todo lo alto y ella, seguro, se consumirá de amor durante el resto de las vacaciones navideñas...¡maldito Platón!

Nunca se cumplió el objetivo pues siempre quedaba todo en ensoñaciones mucho menos dolorosas que el rechazo y el escarnio público.
Y esta situación se repetiría año tras año: primero en el colegio, luego en el instiuto.
Con todo este poso emocional, esta estructura mental creada a base de golpes de cincel de frustración, es fácil extrapolar lo que explico y observar que el comportamiento en la edad adulta no es ni mejor ni peor: es el mismo.
En mi caso, por poner un ejemplo a vuelapluma, os diré que nunca triunfé, nunca fuí el Quarterback del equipo ni ella mi animadora, pero Humberto Tozzi sigue sonando en mi cabeza y esta noche estré allí, en la Fiesta de Navidad,(esta vez en la del trabajo), observándote a ti, y a ti, y a ti también...¿te apetece una Fanta?