lunes, 20 de junio de 2011

Un desamor chiquito.

‎"La primera vez que se me rompió el corazón fuí con urgencia al médico. Entonces allí, en el hospital, me dijeron que tenía una angina de pecho. Ahora, con el tiempo, ya me come de todo."

martes, 14 de junio de 2011

"Lo peor de ser centauro es ir cagando por el camino"

¿Qué se podía esperar de un tipo que anda por la vida cepillándose yeguas? Pues que te salga una estirpe de hijos pendencieros, groseros, libidinosos y borrachos. Así pues no es de extrañar que si los invitas a tu boda acaben por comportarse como ese cuñado soltero, entradito en años y algo putero, que anda como loco por querer besar a la novia, pero a lo béstia. Y esto es lo que le sucedió al rey de los lápitas en su boda, con la diferencia que a los descendientes de Kentauros y la Jaca Paca se les fueron las manos, perdón, las pezuñas, después de los chupitos y el sorbete de limón y violaron a la novia y secuestraron a las invitadas. Claro está que los lápitas no se tomaron a bien este gesto por parte de los desagradecidos centauros y se montó un "sidral" de un par de cojones que acabó en masacre de centauros y con un excedente de carne de potro en los comercios. Y basicamente este es el motivo por el que ahora ya no nos encontramos a hombres mitad caballo y mitad modelo de pasarela, pero si burros a jornada completa en despedidas de soltero, por poner un ejemplo a vuelapluma.

miércoles, 23 de febrero de 2011

De la leche y el café

Un litro de leche actualmente puede costar entre setenta céntimos de euro y un euro y pico, según la marca y si tiene alguna supuesta propiedad preventiva - decir curativa sería una osadía afirmar algo así por parte de los productores - y según los aditivo que contengan, o de las propiedades intrínsecas que le son restadas a la leche y que se rigen por la máxima, siempre eficaz, del refrán que dice "de lo que se come se cría": leches con calcio, leches sin calcio, leches con grasa y sin grasa o con casi grasa y leches que reducen la grasa de tus grasas, leches de iniciación y leches de continuación y leches de interrupción (¿?), leches enriquecidas y leches deslechadas hasta llegar al paradigma de las no-leches; la leche de almendras y la leche de soja. Creo que es urgente una redefinición del concepto de leche por parte de las autoridades competentes, si es que las hubiera.



El café es una cuestión digna de ser tratada con toda la rigurosidad que se merece pero, como este no es el foro adecuado, pasaré por este asunto de forma somera diciendo solamente que el café es el fruto de una planta... fruto que se comió una cabra, (que por el aspecto de sus cacas deduzco que son animales con un tránsito intestinal muy rápido), la cual estaba siendo observada por su pastor que certificó que el animal, tras ingerir esta baya, se ponía como una cabra, valga la redundancia. Parece que este pastor viendo los efectos que este fruto producía en el humor de su animal favorito, se animó a provar unos cuantos granos de café. Resultó ser un fruto muy estimulante y altamente adictivo, a la par que tóxico. De la relación de este pastor con su rebaño nada más se sabe, excepto que no hubo boda.



Tipos de café exiten tantos como la imaginación del ser humano y la tecnología son capaces de crear, pero basicamente todos se reducen a tres "items": el origen de su cultivo, si los granos están tostados con mayor o menor cantidad de azúcar y si el de la barra es un gilipollas que se cree Ferran Adriá.



Si ustedes se están preguntando si tengo la autoridad moral suficiente para tratar estos temas tan complejos quiero que sepan, antes que nada, que soy un café con leche. Entiendo que dicho así, de sopetón, resulte una información difícil de digerir, pero el hecho de que ustedes sólo conozcan la realidad que les ha tocado vivir no significa que no exitan otras. Pero no vamos a discutir por este pequeño detalle metafísico; es lo que hay y punto.

En mi universo las expectativas y la esperanza de vida son directamente proporcionales a la temperatura con la que eres creado: a más calor más tiempo de vida, a no ser que el cliente sea un loco suicida sin dendritas en sus neuronas y sin papilas gustativas.



Y ahora si me disculpan tengo que acabar aquí esta disertación porque veo como se cierne una madalena más seca que la madre que la parió....

miércoles, 16 de febrero de 2011

He salido a escribir

Al llegar a una cafetería me gusta colocarme en la mesa más cercana a la puerta y sentarme de espaldas al resto de los clientes. Entonces saco de mi bolsa el teléfono móvil, conecto los auriculares, me los coloco en las orejas que, por cierto, no aceptan ninguno de los multiples diseños que existen en el mercado y siempre tengo que andar ajustando esos pequeños altavoces en mis fallidos pabellones auriculares, y acto seguido sintonizo alguna emisora de radio. Y bajo el volumen.



Bajo el volumen de la radio con la intención de captar las conversaciones que a mi alrededor van surgiendo y de vez en cuando alzo la cabeza y despego la mirada de la libreta, pues hoy llevo una libreta encima ya que he salido a escribir.

No espero que surjan grandes historias de lo cotidiano pero tampoco es lo que busco, como mucho algún detalle...y antes de acabar esta frase surje.



Acabo de levantar la vista porque hay movimiento a mi alrededor.



Observo como un chaval del grupo de subnormales que están comiendo en las ultimas mesas, se ha segregado del grupo empujado por la curiosidad que le ha llevado hasta un piano de pared que hay frente a mi, al lado de la entrada de la puerta de vidrio. Una esforzada monitora acaba de llegar en su busca y con un par de gestos, no exentos de autoridad y que son, sin duda, una clave, una señal conocida por el muchacho, ha llamado su atención. Esta le muestra su espalda y, estirando el brazo derecho hacia atrás, el chaval ha entendido lo que debía hacer: ha tomado primero la mano derecha de la chica y después la izquierda y la monitora, siempre de espaldas al chico, ha flexionado levemente las rodillas, lo justo, para permitir que el joven se encaramara a sus espaldas y de este modo lo ha devuelto con el resto de compañeros como si cargase con un gran saco de patatas. Sin duda se trata este de un tipo de juego, el del gato y el ratón, que admite variaciones porque la segunda vez que el muchacho se ha sentido atraído por el brillo de la madera lacada del piano, la monitora ha cambiado de estrategia y esta vez, simulando la postura de un canguro para llamar su atención, el chico, por mimetismo se ha puesto a su lado y los dos han vuelto hasta sus mesas saltando de baldosa en baldosa y sorteando los obstáculos y mi sonrisa.



Al cabo de cinco minutos todos se han marchado por la puerta de atrás y yo he seguido redactando sobre mi libreta, esta vez la lista de la compra.

martes, 2 de noviembre de 2010

Halloween de Todos los Santos: A miedo's Tale

Renovarse o morir.

Renovarse o morir debió pensar Margalida Castanyé la primera vez que vió a unos chiquillos disfrazados a la puerta del colegio cuatro meses antes de Carnaval.
Renovarse o morir debió pensar Margalida Catanyé la primera vez que oyó explicar al hombre del tiempo de Tv3 por qué ya no hacía frío a finales del Otoño:el cambio climático, dijo.
Tantas novedades - pensó -, ¡y a su edad! Por eso la alternativa cada vez le parecía menos descabellada. Pero no sería ella la que moriría, serian los otros, aquellos que se empeñaban en desmantelar su "status quo" en pos de una modernidad mal entendida y el negocio.

Le sorprendió lo sencillo que resultó su primera vez.

Unos adolescentes llamarón a su puerta una tarde, oscura ya pese a lo temprano de la hora, (por lo del horario de invierno,ya saben, otra gilipollez de la modernidad), y le gritaron a bocajarro: - ¿Truco o trato?. Margalida Catanyé, que acababa de regresar a casa después de pasar una larga e improductiva tarde calurosa del mes de Noviembre frente a su puesto de castañas y boniatos al lado del colegio Virgen de la Regla, aún llevaba en la mano su vieja espumadera. Entonces sintió como la rábia le embargaba de una manera súbita y descontrolada, su rostro se encendió y notó como todo su ser quemaba como una brasa incandescente. Sin mediar palabra y con una fuerza desconocida en una vieja como ella, golpeó el cuello de uno de los adolescentes con el filo de la pala de la espumadera y la sangre empezó a brotar. El otro joven empezó a gritar viendo a su amigo caer el sobre el charco de su propia sangre, pero Margalida Castanyé le ahogó sus gritos metiéndole en la boca un puñado de castañas que sacó de uno de los bolsillos de su delantal de cuadros. Lo que después sucedió no se entiende sin la colaboración de unos vecinos que regentan un Kebab, pero sólo os diré los que cuerpos de los chicos nunca fueron hallados y que hoy en día Margalida Castanyé es al propietaria de almenos otros dos establecimientos de comida rápida.

jueves, 30 de septiembre de 2010

El año del cometa le toqué una teta.

El año del cometa le toqué una teta.Entonces le dije que fue un accidente y le pedí perdón, pero en realidad no fue así.Imagino que el inconsciente de mi subconsciente me traicionó.

Siempre he tenido un subconsciente muy traidor, como si una mano maligna hubiera quitado el filtro que todos debiéramos tener entre el cerebro y la boca; ese filtro que impide que la mayoria de ustedes rían en un funeral cuando alguien se acerca a la compungida viuda o viudo y le dice "lo siento" y automáticamente, como un resorte, nos viene a la memoria aquel chiste tan malo que...¡bueno ya saben cual! En definitiva, que además de carecer de ese filtro también andaba escaso de otro: el que va de los ojos a las manos, como los bebés,¡ pero es que ella me gustaba tanto!

Ella era una chica tan dulce como arisca, tan altiva como humilde, tan simpática como estúpida y sobre todo tan bonita como desproporcionada, algo que suele suceder a esas edades, ya saben ustedes, las hormonas y tal.
Lo que más llamaba la atención de ella,(siempre según el estado del que mira, y cuando digo estado me estoy refiriendo a una glándula endocrina de metro sesenta de altura y sesenta y cinco quilos de peso),
eran sus pechos decididamente anormales para su edad, la edad en que la constante de la aceleración de la gravedad carece de sentido.

Los dias, pocos, en los que uno andaba de la mano de Platón, respirando Primavera en el húmedo aire de Enero, persiguiendo mariposas por la gris y solitaria ciudad sin árboles y sin flores...vamos, lo que viene siendo estar enamorado como un gilipollas, entonces y sólo entonces, sus tetas pasaban a un segundo plano. Durante esos dias los verdes e hipnóticos ojos de ella tomaban las riendas de mis pensamientos, me secuestraban y me llevaban hasta el Muelle de una Bahía o a una calle llamada Penny Lane o a un Wonderful World, porque, como ya sabrán todos ustedes, llega un día en que uno entiende que abasolutamente todas las canciones las escribió y las cantó un desconocido para ti, incluso años antes de tu nacimiento. el día en que te descubres enamorado suele coincidir con el día que descubres la música.

En el año 1986 la prensa se hacía eco de un importante fenómeno astronómico que iba a cambiar la vida a sus coetáneos convirtiéndolos en auténticos privilegiados porque, señoras y señores, ¡mil novecientos ochenta y seis era el año del Cometa Halley! Las potencia mundiales se afanaron en enviar sondas espaciales para estudiar su composición química porque, según decían, nos aportaría información relevante y vital sobre el origen del Universo,¡como si eso importara a los quince años! Se escribieron libros y guías para entender este fenómeno astronómico, se vendieron telescopios que no alcanzaban ni para ver al vecino de enfrente rascándose las pelotas y se rodaron películas de terror apocalíptico y la astronomía se puso de moda hasta el año siguiente que vendrían a visitarnos otros cometas rasantes que cayeron en el olvido y de los que nadie supo jamás su nombre.

Recuerdo que por aquellos dias el profesor de física y química no dejaba de repetir lo afortunados que éramos pues este fenómeno sucede cada setenta y seis años, año arriba año abajo, claro está. Al instante hice números, (bueno, al instánte es algo exagerado porque los números no son lo mío), y llegué a la conclusión de que la próxima vez que se acercara el dichoso cometa a enseñarnos la colita un servidor de ustedes tendría más o menos noventa años. Si para entonces la salud y las cataratas me respetaban volvería a tener noticias del Halley y recordaría los dias que los que le toqué las tetas a aquella chica. También recuerdo que fue por aquel entonces que pensé en mi muerte por primera vez. Hasta entonces vivía en la más pura inopia pero el maldito Halley hizo que tomara consciencia de mi mortalidad. Con el paso de los años también he comprendido que seguir vivo es estadísticamente y por probabilidades un milagro, aunque mantengo la esperanza de volver a tener noticias de ese cometa y seguir tocando pechos.